jueves, 6 de enero de 2011

Don't do drugs

El cielo, teñido de un azul eléctrico capaz de dejar ciego a quien sea que se atreva a mirarle, venía acompañado de nubes, esas nubes que parecen algodón, que dan la sensación de querer saltar sobre ellas como si de un trampolín se tratara.
Vos, esa mujer hermosa pero detestable, estabas sentada cerca de la fuente. Los pájaros se acercaban a vos buscando las migajas que se desprendian de tus galletitas, pero vos les gritabas y los espantabas, debido quiza a un miedo.
Te levantaste, miraste hacia donde yo estaba, me guiñaste el ojo izquierdo y un rayo de luz atravezó mis pupilas, dejandome ciego por unos segundos.

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